Recomenzar

09 julio 2009
En una despedida que parecer no tener sentido, después del abandono a que he sometido a esta casa, me permito agradecer los comentarios a los post más recientes (que un blog que no se actualiza desde noviembre suena a cierto cinismo). Gracias, sobre todo, a quienes me insistieron en que la escritura era el camino que no se abandona.
*
Este cíclope se muda de casa. El nuevo espacio tien ya una bienvenida esperando sus lecturas y comentarios. Nos seguiremos frencuentando en otros espacios, mientras esperamos que las circunstancias nos regalen un encuentro material, les abro las puertas del nuevo hogar. Los espero.

Presencia & Sentido

Two poems, by Katherine Pierpoint

12 noviembre 2008
The Twist in the River


At the clear, beer-coloured and bubbleshot twist in the river --
Every stone a speckled egg spawned in that deep lap,
Every pockmarked, pitted pebble ap lanet, blindly seeing through its own evolution --
The shallows, and the tall air, are filled with sound and light.
This part of the river expects to be seen, for it has drawn you there,
And the trees, selfless, introduce the sky into your love for the water.
If this place were a person, it would be making up a paper hat while humming,
entirely self-contained, absorbed yet radiant --
A family moment, appearing nonrmal until years later in retrospect,
When its depths are fully felt, beyond blunt experience.
Underwater, the light thickens slightly but never sets
And the river runs through its own fingers, careless.

El recodo del río

En el claro, burbujeante recodo, color cerveza
-- cada piedra un huevo pecoso frezado en ese regazo profundo,
cada guijarro cacarizo y cascado un planeta que ciego mira a través de su propia evolución--
los bajos, y el alto aire, se llenan de sonido y de luz.
Esta parte del río aspira aspira a ser mirada, pues ahí te ha atraído,
y los árboles, humildes, integran al cielo en tu amor por el agua.
Si este sitio fuese una persona, haría un sombrero de papel mientras tararea.
Lleno de sí del todo, absorto mas radiante
-- un momento de familia, que parecía normal hasta que años despés, al mirar atrás,
se sienten plenamente sus honduras, más allá de la monda experiencia.
Bajo el agua, la luz se espesa ligeramente, pero nunca reposa
y el río corre entre sus propios dedos, desenfadado.





Katherine Pierpoint, nació en 1961 en Northampton, Inglaterra. Poeta, editora, investigadora y traductora independiente. La versión del poema fue incluida en La generación del cordero. Antología de poesía actual en las Islas Británicas. Traducción de Pedro Serrano y Carlos López Beltrán.

Aforismo de la colina

03 noviembre 2008
Selección de algunos aforismos, o ingenios de José de la colina, publicados en el blog de Letras Libres:

El romanticismo fue un salto de la Historia a la histeria.

A ese poeta le devolvieron la vida dándole respiración de beca
a beca [o, diría yo de otros, de encuentro a encuentro.]

Para arruinar a su eterno plagiario, adrede empezó a escribir mal. [¿Esta
va para GGM yCF?]

Hay ensayistas marxistas que van de Marx a menos.

En la Academia, el hasta entonces audaz escritor se puso en conserva.

Un escritor con miedo al gerundio no es un escritor, es sólo un redactor [Esta debería estar a la entrada de cualquier salón de la FFyL]

Chapeau.

Responso del viajero

21 octubre 2008
a G.F.


errar por las calles de Florencïa
errabundo de ti y tus
brazos delicados
de tus ridículas creencias
que no saben o no quieren
saber que el amorhambre de Dios
provoca tormentas
y redomas de oscuros
lentísimos trastabilleos

errar por las calles de Florencïa
errabundo de meditación
y lenguas extranjeras
asido al humo que
huye forajido de tus fosas nasales
al color amargo de tu lengua
que sabe a tabaco y café turco

errar por las calles de Florencïa
errabundo de tus manos ajadas
del tosco acento de tu espalda
desnuda de sol en los brevísimos
partidos de futbol
la micción y tu abdomen abultado
en los salones de opio
y guardar supersticioso
las erecciones momentáneas frente a mí
como pichones a pun-
to de levantar la voz en vuelo


Un Artaud light, un Conrad cursi.

19 octubre 2008



Dice H. Yepez, ayer en su columna de Laberinto:

De acuerdo, amada Academia Sueca, la literatura americana es un rancho de Texas. Pero, ah caray, ¿por qué Le Clézio?
La Academia dice que Europa “sigue siendo el centro de la literatura”. Una respuesta a la revista Time que pronosticó en el 2007 la muerte de la cultura francesa, como lo dejó ver su primer ministro cuando dijo que este premio consagraba a Francia y mostraba que el gallo sigue vivo.
Según el anuncio de la Academia, leído por el polémico profesor Engdahl, Le Clézio mereció el premio por ser un autor de “nuevos destinos (departures), aventuras poéticas y éxtasis sensual”. ¿No parece esta descripción, acaso, el promocional de un crucero turístico?
Es cierto: Le Clézio quedó marcado por sus viajes a África, México y Sudamérica. Y también es cierto que Le Clézio es idealista y romántico. Un Artaud light, un Conrad cursi. Premiaron al exotismo: los otros como seres primitivos coloridos.
“Explorador de una humanidad más allá y bajo (below) la civilización reinante”. Bajo cualquier criterio, la razón oficial de la Academia apena. A Le Clézio se le dio el Nobel ¿por innovador?, ¿por hondo? No. Por ser un Cocodrile Dundee letrado. El Buen Europeo amigo del Buen Salvaje.
Su lazo con el Tercer Mundo es clave. Lo que se premió fue el turismo intelectual, el colonialismo tan arrepentido como empático de las culturas de allá “abajo”. Se premió al multiculturalismo ecomoralista. Su autonostalgia de Rousseau.
Si se quiere premiar a un escritor que tiene que ver con el indigenismo, ¿por qué no se premia mejor a León Portilla (que sí cambió nuestro entendimiento de estas culturas)? Y si, como quiso hacérsenos creer, se premió a un autor más allá del “existencialismo y la nueva novela”, ¿por qué no se designó a Ernesto Sábato (que realmente llevó la novela más allá)?
Ni Gandhi ni Borges. El Nobel obedece a los ideales caducos del Viejo Mundo.
En las últimas décadas, casi todos los premiados son novelistas tradicionales, ¡el tipo de escritor más caduco! Este premio se da por razones políticas, casi siempre, a escritores bien portados, cuya elección es un signo internacional táctico.
Otra cosa, no obstante, es la verdadera literatura: ni la que está de moda ni la que idealiza el pasado, ni la más fácil ni la más aislada, sino la más profunda y vigente de las auto-críticas.
Lo que se premió fue la idea de que la literatura europea es autosuficiente. Sólo necesita del Tercer Mundo como pre-texto para probar que siguen siendo los Cristos y amos del mundo.
Paradójicamente, este Nobel 2008 dado a un simpático indigenista francés es un mensaje que los europeos se masajean a sí mismos, y que dice: Estados Unidos no nos supera aún, la verdad del Tercer Mundo se escribe en idiomas europeos, somos los mejores, los más buenos, ¡somos la Gran Autoconciencia de este planeta!

En cambio, D. Miklos, lanza un elogio a este escritor out-of-mainstream:

Hace poco menos de diez años, mi primer editor me dijo "Hay libros que abren (y cierran) puertas". Tras esta sentencia, me tendió una amplia obra: La cuarentena (Barcelona: Tusquets, 1998), de J. M. G. Le Clézio, quien hoy ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La portada era, sin lugar a dudas, un muy buen umbral: la costa de lo que imaginamos una isla, todo en tonos amarillos. Comencé a leer el libro. Y no lo solté. Novela de aventuras y búsqueda literario-genealógica quintaesencial, La cuarentena, comprobé, era, y es, uno de esos libros que, como quería Aurelio Major, "abren puertas". Es decir: abren puertas a la literatura. A la creación futura. Y no dudo que mucho de lo que escribió Le Clézio haya tenido impacto en mi (en ese momento postergado) propio proceso creativo. En fin. Una década después, el Nobel a Le Clézio. Autor casi desconocido (decidió fugarse de la vida literario-editorial parisina: la detestaba), J. M. G. emigró. Vivió, entre otros países, en México (tiene un libro llamado El sueño mexicano, publicado bajo el sello del FCE; la versión francesa me miraba desde los estantes de la biblioteca de mis padres) y en Estados Unidos, en donde terminó de hacerse experto en culturas mesoamericanas. Es, sí, un autor muy cercano a nosotros. Y no deja de ser curioso que la prensa, tan idiotizada por las novedades editoriales y los nombres elegidos de los grandes grupos, no sepa bien qué hacer con él, con su obra, ni a quién entrevistar. Así pasa con los desmarcados y con la literatura más verdadera, que, casi siempre, no son carne mediática. No. Abren puertas, eso sí. Así Le Clézio, así las cosas.
Addenda del 21 de octubre. Ahora también G. Sheridan despotrica ácidamente sobre el nobel francés al que llama (¡gulp!) "Nobelito". Así las cosas, así el nobel.

¿El Nobel a JMG Le Clézio? Bueno... las güeritas Kate Leslie y Harriet Winslow tienen un nuevo amiguito, gracias a una academia bobalicona, tan ufana de su buena conciencia y tan decidida a no leer demasiado (si de novelistas franceses se trataba... ¿habrán oído hablar siquiera de Michel Tournier?).
Me parece bien, sobre la emoción que embarga a los nacionalistas colgados de Extranjía, el comentario sobre Le Clézio de Christopher Domínguez en su columna del suplemento del Reforma este domingo. Luego de leer La conquista divina de Michoacán y El sueño mexicano, concluye que “la lectura de este par de libros le dará al curioso, sea mexicano o extranjero, una impresión más bien pobre del talento ensayístico del nuevo Nobel y quizá no le deje mucho entusiasmo por su veta de pensador”. El sueño mexicano le parece “un verdadero libro de aficionado o de diletante”, “más una monografía universitaria que un ensayo literario”, cuando mucho recomendable como una “buena introducción al México antiguo y a sus mitos” para un “turista ilustrado en su primer viaje a México”. Si bien considera que su prólogo a El libro del Chilam Balam de Chumayel es mejor, en tanto expresión del interés de Le Clézio por el “encuentro de literatura y mito”, concluye que “como intérprete de los mitos mesoamericanos y de su sobrevivencia entre los indios contemporáneos... es poca cosa Le Clézio.”
En cambio, me parece que como intérprete de los mitos mexicanos modernos su labor es bastante más apreciable. Asómese el lector osado al elocuente resumen que aporta en Diego et Frida (Stock, 1993), un vademecum del sentimentalismo y un refrito de los lugares comunes más bobos y predecibles sobre México, su revolución, su arte y su cultura, encarnados en los protagonistas arquetípicos. El mito reforzado parte de la consabida premisa de que el pintor y la pintora se hallaban “encendidos por la fe revolucionaria por la glorificación del pasado amerindio de México”, y que por ello
dedicaron toda su vida a buscar el ideal del mundo amerindio. Fue ese ideal
el que les dio su fe revolucionaria y el que hizo brillar, en medio de un país
devastado por la guerra civil, el relámpago único del pasado como una luz que
atrae las miradas de la América entera y simboliza la promesa de una nueva
grandeza. (p. 20)

Ese ideal, desde luego, no está muy perfilado: para eso es ideal (aunque parece estar entre los muslitos de la diosa Tlazolteotl que, según M. Le Clézio, en cualquier momento, agarra y revive y lo da a luz). Sí, misma, gastada, europeizante resurrección de los ídolos aztecas que en Tablada era autoparodia y en Lawrence fantasía ideológica...
Frente a las potencias amerindias, el resto es horrible: el porfiriato es apenas escenario de algunos micos vergonzosos que imitan a “occidente” mientras desprecian a las culturas indígenas; su gusto es un “pompierismo a la vez siniestro y ridículo”; los escritores huyen a Europa buscando “el aire de la libertad”; la revolución de Madero es una ola que “nace del abuso de los conquistadores y su violación de conciencia indígena”; Villa y Zapata, “violentos, incultos, intransigentes, son los verdaderos símbolos del pueblo mexicano”; la ciudad de México es “sinónimo de un faro para los pueblos oprimidos de América” mientras que su cultura “reinventa los valores mexicanos, el arte y el pensamiento de las civilizaciones prehispánicas” y, desde luego,
En la historia de México, Diego y Frida continúan brillando como brasas vivas, y
sus rojos fulgores son las joyas puras de los niños pobres...
Y así sucesivamente.
No, nunca se han interpretado mejor los mitos mexicanos modernos. ¿Para qué buscar la verdad si los mitos son tan hospitalarios? Gracias a Le Clézio y a su clientela de turistas de los próximos meses (incluyendo los locales), esos mitos adquirirán una nueva, rejuvenecida, estólida solidez...
Híjole. En La Jornada han de estar retristes...